Niñas y niños pobres ¡No más!

Niñas y niños pobres ¡No más!

05-05-16

En México hay 21.4 millones de niñas, niños y adolescentes pobres. Son muchos. Demasiados para una de las 12 economías más grandes del mundo.   La pobreza con rostro infantil cala hondo. Los datos del reciente informe sobre pobreza y derechos sociales de CONEVAL-UNICEF han levantado alertas. Muchas personas reaccionan con empatía. Y hasta con indignación ante estos datos. Me cuentan que hay gobernadores que no conocían estas cifras. De buena fuente sé que hay altos funcionarios que ahora sí les llamó la atención. Resulta que no es lo mismo hablar de “pobreza” que de niñas y niños pobres. Ahora hay que pasar a la acción. Esta realidad se puede cambiar. Se debe cambiar. Y es urgente. Los datos que ya no se deben olvidar Más de la mitad de niñas, niños y adolescentes (0 a 17 años de edad) viven en condición de pobreza: 54%. Son 12 puntos más que el resto de la población, es decir que los mayores de 18 años (42%) y 8 puntos sobre el promedio (46%). Estas niñas, niños y adolescentes además de no tener un ingreso suficiente tienen al menos una carencia. Y ahí está una gran parte del problema. Son 21.4 millones. Son muchos. Demasiados para una de las 12 economías más grandes del mundo. 6 estados-pobreza-porcentaje-niños Por la dimensión de ingresos, el problema es más grave: 62% de las niñas, niños y adolescentes no tienen ingreso suficiente para lo más básico. Son casi 25 millones. Y entre ellos, 26% no tienen ingreso suficiente para alimentarse. Esta es la dimensión de la pobreza extrema (por ingresos). Son más de 10 millones. La realidad más lacerante es la de las niñas, niños y adolescentes indígenas. Casi todos viven en pobreza: 91% de quienes son “hablantes” de lengua indígena y 78% de quienes viven en hogares indígenas, viven en pobreza. El 99% presentan carencias. Por eso la pobreza de la niñez se concentra en estados con mayor población indígena. 6estados-pobreza-niños Las carencias constituyen una realidad lacerante. Incomprensible en un país que se jacta de la “gran cobertura” de sus programas sociales. Hagamos el recuento. Para que no se olvide. Para que sí haya reacción. Hay casi 40 millones de niñas, niños y adolescentes en nuestro país:

  • Casi 30 millones con al menos una carencia
  • 2 millones con rezago educativo
  • 5 millones sin acceso (afiliación) a servicios de salud
  • Casi 25 millones sin seguridad social
  • 11 millones con carencia alimentaria
  • Casi 10 millones en viviendas sin los servicios básicos
  • 6 millones en viviendas precarias o con hacinamiento
  • Casi 25 millones sin ingreso suficiente para lo más básico
  • Más de 10 millones sin ingreso suficiente para adquirir los alimentos

Las acciones a tomar El llamado debería ser actuar con urgencia. Se pueden tomar medidas efectivas que pueden dar resultados, al menos para lograr:

  • Desarrollo Infantil Temprano (DIT) y educación inicial (preescolar).
  • Educación completa y pertinente al menos de 12 años completos, con opciones técnicas, tecnológicas, humanísticas y artísticas.
  • Prevención y atención del sobrepeso y la obesidad.
  • Actividades extraescolares que promuevan el deporte, la expresión artística, la convivencia en paz y el ejercicio de ciudadanía.
  • Ingreso suficiente y alimentación garantizada para erradicar la pobreza extrema infantil.

Estas acciones no son un invento. De hecho no son novedades. Quizá por eso no han recibido la atención de actores políticos que buscan nuevas ocurrencias, algo así como “el último grito de la moda”. Por ejemplo, prefieren repartir “tablets” o computadoras (lo cual en sí mismo no es negativo, sólo que no se ha probado que estos “repartos” tengan impactos en aprendizajes u otros factores educativos). En cambio, está demostrado que el Desarrollo Infantil Temprano (DIT) es la “intervención” de más bajo costo y mayor impacto. La “ventana de oportunidad” para el DIT son los primeros 1,000 días de vida, incluyendo la etapa de gestación. En esa etapa se forma el cerebro y se desarrollan las funciones cognitivas y emocionales básicas. El DIT no requiere “neurociencia” avanzada. Ya se sabe lo que hay que hacer. Y lo pueden hacer las madres y padres, enfermeras, promotoras (es) de salud y otro personal técnico. En la mayoría de los casos, no hace falta un médico cirujano. La medición del DIT es el crecimiento a tiempo. El video siguiente, elaborado por el Banco Mundial se explica por sí mismo. La talla, el avance de los “primeros centímetros” son el “termómetro” que da la clave. Y es el indicador cuando hay problemas (Si no tiene tiempo de ver todo el video, bastan los primeros 5 a 7 minutos). 

Para el Desarrollo Infantil Temprano bastan acciones mínimas, como por ejemplo:

  • Lactancia materna exclusiva 6 meses
  • Alimentación complementaria a partir del mes 6
  • Prevención de infecciones
  • Mantener la alimentación en caso de enfermedad (¡esto es clave!!!)
  • Suplementación de micronutrientes (en forma de “chispitas”) que se agregan a cualquier comida y aportan los minerales (hierro, zinc, calcio), vitaminas (C, D) y otros nutrientes (ácido fólico) indispensables para el crecimiento.
  • Estimulación auditiva, visual, táctil y móvil

Esto es sólo un ejemplo. Demuestra porqué decimos que sí es posible resolver este tipo de problemas. Y porque es una vergüenza que México tenga ese tipo de carencias. Lo mismo podríamos decir de la educación. Ya no hay espacio para explicarlo. Sólo queremos mostrar donde están las brechas y en qué grupo de edad concentrar la atención (A partir de los 14 años, es decir alrededor del 3º de secundaria y en adelante). Asistencia escolar 2015 En un país con un gran programa de becas, y que se gastan cientos o miles de millones en programas dispersos y clientelistas que entregan uniformes, útiles, mochilas, tenis, “pants”, tablets, y muchas otras cosas, hay recursos suficientes para resolver que todas las niñas, niños y adolescentes logren culminar 12 años de educación pertinente y de calidad. Una política de Estado frente a la pobreza infantil puede ser un buen primer paso frente a la pobreza y la desigualdad. ¿Quién le entra? Leer en Animal Político