Historia

Acción Ciudadana Frente a la Pobreza aparece en la arena pública el 12 de mayo de 2015. Compartimos nuestro primer pronunciamiento, que es nuestra razón de existir.

Historia

Acción Ciudadana Frente a la Pobreza aparece en la arena pública el 12 de mayo de 2015. Compartimos nuestro primer pronunciamiento, que es nuestra razón de existir.

México es un país rico pero la mayoría de su población vive en pobreza. Esto puede cambiar. Para vivir en paz y llegar a ser un país próspero esto debe cambiar. Por eso surge la Acción Ciudadana Frente a la Pobreza. Es una iniciativa de la sociedad civil que convoca a actuar ya para reducir la pobreza y la desigualdad en una generación. Lograrlo es posible y nos conviene a todos.

México está entre las 15 economías más grandes del mundo, pero ocupa el lugar 71 en el Índice de Desarrollo Humano a nivel global.  En los últimos 20 años, hay 14.5 millones más de personas en pobreza y la proporción no se ha disminuido.  En 1992 había 46 millones de personas en pobreza por ingresos y para 2012 se había incrementado a 60.6 millones. La proporción de población en pobreza permanece casi igual: Había 53.1% de población en pobreza en 1992 y hay 51.6% en 2012. La desigualdad tampoco se ha modificado sustancialmente, el coeficiente de Gini era de 0.53 en 1992 y de 0.50 en 2012.*

El problema de la pobreza y la desigualdad no radica en los datos del diagnóstico. México cuenta cada vez con mejores datos sobre la pobreza, las carencias sociales y las brechas de desigualdad. El INEGI como fuente de información y el CONEVAL como autoridad responsable de la medición de la pobreza producen información sólida y detallada.

El problema es mantener acciones y programas que no dan en el blanco. Es evidente que el factor determinante de la pobreza es el ingreso insuficiente y que la carencia principal es la seguridad social, incluyendo la falta de acceso efectivo a la salud. Y sin embargo las medidas contra estos problemas siguen sin ser una prioridad, se dispersan los programas e incluso cada año se generan nuevas ocurrencias. Tres datos señalados por CONEVAL desde hace años, como muestra:

Los ingresos de quienes trabajan han perdido poder adquisitivo en relación con el valor de la canasta alimentaria. Esto significa que en México se generan empleos que producen más pobreza. Y al mismo tiempo se mantiene y se incrementa la dispersión de programas de generación de ingreso, de desarrollo productivo y de empleabilidad.

La generación de empleos de calidad con salarios adecuados que impacten la productividad laboral es un reto de la política económica. Y sin embargo, parece que se pretende enfrentar la pobreza sólo con políticas sociales.

La principal carencia es la falta de acceso a la seguridad social, que afecta a más seis de cada diez personas. Y en contraste únicamente el 4% del presupuesto del gasto social se destina a programas de “seguridad social”.

Necesitamos una nueva mirada: México es un país grande y rico que desaprovecha su bono demográfico y sus potencial en recursos humanos.  La gente pobre trabaja mucho y sigue siendo pobre. No estamos hablando de mendicidad. Tampoco de situaciones extremas excepcionales. Hay muchas barreras a la movilidad social ascendente. La pobreza se hereda por generaciones.

La pobreza tiene rostro de jóvenes, mujeres e indígenas. Hay más de 7 millones de jóvenes en trabajos precarios, casi 15 millones de mujeres en trabajos con menor paga o fuera del mercado laboral, y 16 millones de indígenas excluidos del México que sí crece. En su inclusión económica radica la oportunidad del incremento más sustancial de la productividad. En el Sur rezagado se encuentra la mayor ventana de oportunidad para acelerar el crecimiento y llegar a ser potencia global. (Mckinsey: 2014).

Hay que exigir cambios de fondo para enfrentar las causas de la pobreza y la desigualdad. Hay estudios con datos duros y fuentes oficiales que han demostrado problemas que se pueden corregir si se toman las decisiones:

Por ejemplo, el CONAPRED y el CIDE presentaron en 2014 un estudio que muestra que el presupuesto discrimina y excluye a sectores de población vulnerable. En muchos programas no se conoce la población beneficiaria, no cuentan con padrón con datos suficientes y abiertos y en su conjunto, los programas excluyen más del 30% de la población objetivo.

México Evalúa ha presentado un diagnóstico preciso de la trampa de desigualdad que vivimos y la incapacidad del presupuesto para tener un efecto redistributivo eficaz. Hay programas que en lugar de disminuir, aumentan la desigualdad.
GESOC ha generado el Índice de Desempeño de los programas sociales que muestra que el 75% de los programas presupuestarios son opacos o dispersos, lo que impide medir bien sus resultados.

Fundar ha documentado como los programas destinados al campo no llegan a las zonas de mayor pobreza y se concentran en grandes productores, con lo cual el gasto público incrementa la desigualdad.

Transparencia Mexicana ha mostrado como el 55% de los programas estatales no cumplen los mínimos de transparencia y normatividad.

El Centro de Estudios Espinosa Yglesias ha fundamentado en diversos estudios que el sistema de seguridad social debe transformarse para promover la formalización de los trabajadores y ha documentado las barreras a la movilidad social.

También los organismos internacionales como CEPAL, PNUD y el Banco Mundial han ofrecido evidencia sobre la importancia de la política económica para enfrentar la pobreza y la desigualdad.

En pocas palabras #BastadeOcurrencias #UsemoslaEvidencia

El problema no está únicamente en las políticas públicas, también está en la sociedad. Hay prácticas privadas que generan pobreza y exclusión. Recientemente hemos visto ejemplos extremos: jornaleros viviendo en situación de esclavitud; los modelos de negocios que pretenden apropiarse de riquezas naturales de pueblos y comunidades indígenas; la falta de respeto a los derechos de trabajadoras domésticas en la mayoría de los hogares; la cultura de la ostentación y el consumo desenfrenado; e incluso la permanencia de acciones asistencialistas o sin impacto desde organizaciones civiles. La sociedad también es  responsable por acciones que generan pobreza y desigualdad.

La omisión más importante en la sociedad es la falta de participación y vigilancia sobre los bienes que son de todas y todos. Por eso debemos actuar y exigir. La tarea es de todos. Esta sí es #LaPeleadelSiglo.