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¿Tiene solución la pobreza?

Uno se acostumbra muy fácilmente a la pobreza. A la de los demás.  Se va haciendo un callo en el corazón que permite que uno siga disfrutando su día, después de ver a campesinos sin tierra, con hijos pequeños, convertidos en mendigos o víctimas de trata. A personas en situación de calle drogándose para olvidar el hambre y el desamparo.  Se acostumbra uno a las marchas, a las protestas de los desesperados que exigen solución a sus problemas.

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