No hay sustento para discursos triunfalistas frente a la pobreza

No hay sustento para discursos triunfalistas frente a la pobreza

  • Hay 95 millones de personas que sí son pobres o vulnerables, 800 mil más que en 2012, según datos de CONEVAL.
  • Hay casi 1 millón y medio más de personas pobres por ingreso y 65 mil en pobreza, de 2012 a la fecha.
  • Las cifras de las carencias se han reducido muy poco y en parte por acciones cosméticas que no garantizan el ejercicio de derechos sociales.
  • Urge un nuevo modelo frente a la pobreza y la desigualdad que genere igualdad de oportunidades, sin privilegios ni corrupción.

El mensaje del titular de Sedesol en conferencia de prensa en Los Pinos el 30 de enero carece de sustento, afirma la Acción Ciudadana Frente a la Pobreza que agrupa a más de 60 organizaciones civiles.

"Los datos mostrados presentan un panorama triunfalista que no corresponde con la realidad. Si bien es cierto que, como anuncia Sedesol, de 2012 a la fecha hay 4.5 millones de personas más que no son pobres ni vulnerables, la realidad completa es que hay 95 millones de personas que sí son pobres y vulnerables. Y, de hecho, son 800 mil más que en 2012”, explicaron.

Los datos de Coneval no deben leerse de manera triunfalista y sesgada. Nada permite afirmar que han sido las acciones del gobierno las que han generado resultados positivos. Y mucho menos se puede hacer alarde de una supuesta mejora que requiere más de 90 años para lograr que toda la población viviera sin pobreza o vulnerabilidad.

México se ubica entre los pocos países de América Latina con crecimiento de la pobreza, mientras Uruguay, Chile, Perú, Colombia y Panamá, entre otros, tienen reducciones significativas, como lo han mostrado la CEPAL y el Banco Mundial en sus informes recientes.

De ninguna manera se puede afirmar que hay 5 millones menos de personas en pobreza como se pretende difundir usando de manera incompleta y sesgada las cifras de CONEVAL. El número de personas en pobreza por ingresos, pasó de 60.6 millones en 2012 a 62 millones en 2016. Un incremento de casi un millón y medio de personas más en pobreza por ingresos. Es decir personas cuyo ingreso es inferior al costo de la canasta básica (línea de bienestar). La cantidad de personas en pobreza multidimensional tampoco se reduce, hay 53.4 millones de personas en pobreza, 65 mil más que en 2012.

También es importante considerar que algunas reducciones están asociadas a la estrategia realizada por la propia Sedesol para modificar la forma en que se responden las preguntas usadas en las encuestas de INEGI que sirven como base para la medición de la pobreza.

En algunos casos se trata de un maquillaje que no modifica la realidad como los convenios que transformaron las guarderías en planteles educativos preescolares, sin cambiar en lo más mínimo su funcionamiento. Es decir, sin que realicen alguna nueva actividad educativa. O la campaña “sano, suficiente y variado”, que se conjuntó con el reparto de las cartillas sociales que sirvió para inducir el cambio de respuestas por parte de los beneficiarios de programas sociales y reportar menores carencias.

La mayor reducción en las carencias sociales se presenta en el acceso a servicios de salud, donde hay 6.2 millones de personas menos de 2012 a la fecha. Sin embargo, sigue habiendo 19 millones de personas con carencia cuando el mandato de la ley era lograr cobertura universal de salud en 2010. La reducción es relativa también si se considera que en 2 años entre 2010 y 2012 la carencia en acceso a servicios de salud se redujo de 33.5 a 25.3 millones de personas, es decir, más de 8 millones de personas menos en dos años.  Y sobretodo, si se pondera ese dato con otros indicadores que muestran que la afiliación al seguro popular no garantiza acceso efectivo a servicios de salud.

Desde la sociedad civil, la Acción Ciudadana Frente a la Pobreza hace un llamado a las autoridades y en especial al conjunto de la sociedad civil y los actores políticos para buscar un nuevo modelo frente a la pobreza y la desigualdad. Un nuevo modelo que conjunte acciones económicas y sociales, que sí pueda obtener resultados, que logre igualdad de oportunidades, sin privilegios ni corrupción. Un modelo que supere el uso clientelista y electoral de los programas sociales, que evite la dispersión de los mini programas y que asuma el enfoque de derechos sociales como lo ordena el art. 1º de la Constitución.