Cohesion Social, igualdad de oportunidades, sin privilegios ni corrupción

Cohesion Social, igualdad de oportunidades, sin privilegios ni corrupción

Llamamiento por la Cohesión Social

30-01-17 México necesita rumbo. Cohesión Social es una iniciativa que surge desde la sociedad civil. Traza el horizonte de un nuevo proyecto para la nación que cierre las brechas de pobreza y desigualdad que dividen a los mexicanos.

Cohesión Social es una visión para orientar la unidad nacional que hoy nos urge, pero con propósito: una sociedad que iguale las oportunidades para todos. Ante las amenazas del presidente de Estados Unidos propone rumbo y sentido para hacernos fuertes y superar la coyuntura adversa. La visión de cohesión social promueve los derechos de todos y busca acabar con los privilegios y la corrupción de unos cuantos.

Con el llamado a la Cohesión Social se propone un rumbo con cuatro vías:

La política, para construir un gran acuerdo nacional para la superación de la pobreza y la desigualdad, que unifique crecimiento económico con ejercicio de derechos sociales.
La social, para crear políticas públicas que reduzcan las brechas de desigualdad con un enfoque de derechos y desarrollo sostenible.
La institucional, para dar efectividad y solidez a los gobiernos para la producción de valor público.
Y la ciudadana, para promover espacios y medios de participación pública eficaz de la sociedad civil organizada.

Cohesión Social: Una nueva visión frente a la pobreza y la desigualdad

El país que queremos está sustentado en la cohesión social.

La cohesión social es, al mismo tiempo, horizonte y camino.

La cohesión social es en primer lugar un objetivo. El horizonte es una sociedad con igualdad de oportunidades y sin privilegios. Una sociedad donde todas las personas tengan garantizados sus derechos: nutrición, educación, salud, trabajo, vivienda, justicia, paz, no discriminación, medio ambiente sano.

La cohesión social también es proceso. Ofrece sentido y rumbo para realizar cambios institucionales, generar nuevas políticas y crear nuevas formas de corresponsabilidad ciudadana, que permitan cerrar las brechas de desigualdad y “no dejar a nadie atrás”.

En el ámbito público, la cohesión social ha sido el eje rector de instituciones y políticas de la Unión Europea.[1]  

En nuestra región, la cohesión social ha sido retomada por el BID y por la Comisión Económica para América Latina de Naciones Unidas (CEPAL – ONU).[2]

La cohesión social en nuestro país ya fue incluida en la Ley General de Desarrollo Social. Es uno de los indicadores a considerar en la medición de la pobreza. Reconocemos los esfuerzos que realiza CONEVAL para aplicarlo.[3]

La Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, creada en mayo de 2015 y que agrupa a más de 60 organizaciones de la sociedad civil, propone una visión de cohesión social para México, que transforme la realidad de pobreza y desigualdad mediante cuatro grandes objetivos que guían el proceso para lograr cohesión social:

Impulsar la inclusión económica y el trabajo digno, para que las personas, familias y comunidades, especialmente las que hoy están excluidas, puedan participar en la generación de riqueza y mejorar sus ingresos y calidad de vida.
Garantizar los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (DESCA) de manera universal y progresiva, con medidas específicas para quienes están más lejos de ejercerlos, de tal manera que se cierren las brechas de desigualdad social.
Instalar y desarrollar capacidades estatales bajo el modelo de gobernanza democrática, para construir instituciones públicas efectivas y sólidas, que garanticen la transparencia, rendición de cuentas y participación de la sociedad, especialmente en los territorios con mayor rezago social.
Generar una nueva cultura de corresponsabilidad ciudadana, basada en valores y prácticas democráticas, sobretodo donde hay más corrupción y clientelismo.

¿Porqué una nueva visión frente a la pobreza y la desigualdad?

Ante nuestros males estructurales, la falta de rumbo, la permanencia de la pobreza, la dificultad económica de este momento y las amenazas de Donald Trump, hacen falta objetivos compartidos que orienten el esfuerzo nacional. La unidad nacional no se da en el vacío, requiere propósito común.

(1) Hasta ahora México carece de un horizonte compartido. No hay una estrategia de Estado con objetivos claros. No tenemos rumbo frente a la pobreza y la desigualdad.

México nunca ha tenido estrategia de largo plazo frente a la pobreza y la desigualdad, ni acuerdo nacional para enfrentarlas. Programas ha habido y muchos, la mayoría caducan cada seis años.

(2) El contexto adverso requiere nuevas soluciones y no las mismas recetas que ya demostraron nula efectividad.

Nuestro llamamiento por la cohesión social no es una propuesta de coyuntura. Sin embargo ofrece muchos elementos para crear sentido y rumbo compartido ahora que es tan necesaria la unidad ante las políticas agresivas del presidente de los EEUU y las dificultades económicas.

Por ejemplo, nuestras propuestas incluyen medidas que activan el mercado interno.  Esto es urgente ahora que se complican las exportaciones por las amenazas de renegociar el TLC. También proponen cambios institucionales que generan empleos y desarrollos territoriales ahora que se complica la migración hacia el norte y haya posibles regreso de nuestros compatriotas. Y por supuesto ofrecen soluciones para enfrentar la corrupción y la baja efectividad del gasto público, ahora que el reclamo social se ha acrecentado y se requiere recortar dispendio.

Queremos contribuir a generar un consenso nacional que fije rumbo y objetivos para estar unidos. Es coincidencia deseada hacerlo en el centenario de la Constitución. El nuevo rumbo frente a la pobreza y la desigualdad debe ser un factor de renovación del pacto social.

Aspiramos a una gran reforma social orientada por el mandato del artículo 1º constitucional. Tenemos que transformar las desigualdades económicas, sociales, culturales y ambientales con base en los más altos estándares de derechos humanos firmados por México. Y también habrá que reformar los aspectos que inhiben el acceso a esos derechos para darles plena vigencia.

(3) El país crece, la pobreza permanece.

La evidencia demuestra que, por sí solo, el crecimiento económico no reduce la pobreza. Tan falso como suponer que los programas sociales la superan. Ninguna de las dos cosas ha ocurrido. El divorcio entre política económica y política social hace imposible erradicar pobreza y desigualdad.

La pobreza es hoy la misma que hace 25 años: 53% de la población vive en pobreza hoy como en 1992.[4] Esa es nuestra tragedia.

La primera confusión a superar es que no basta el crecimiento económico. Nuestra economía hoy es mucho más potente, grande y dinámica que hace 25 años. Los mexicanos trabajamos más y producimos más, pero la mayoría recibe menos.

El PIB casi se duplicó, las exportaciones son 4 veces mayores y la inversión extranjera directa es 5 veces más grande.[5] Y aún así el porcentaje de la pobreza es el mismo (53%) y ahora afecta a 64 millones de personas. 11 millones más que hace 25 años.

Que nos quede bien claro: Crecer es indispensable, pero es insuficiente. No cualquier crecimiento del Producto Interno Bruto reduce pobreza.

También se confunde el rumbo cuando se pretende combatir la pobreza sólo con programas sociales.  Siendo indispensables, las políticas sociales tampoco son suficientes.

Mayor gasto público no ha sido eficaz para reducir sustancialmente la pobreza. En 25 años, el presupuesto destinado a lo social casi se triplicó en términos reales. Así se han reducido algunas carencias, pero la carencia estructural determinante no se ha movido: 6 de cada 10 mexicanos no tienen seguridad social, casi igual que hace 25 años.[6]

Más programas sociales con más dinero no es solución. Al contrario, la multiplicación de programas dispersos, opacos, clientelares y basados en ocurrencias, empeora la situación. Consumen recursos sin resultados y simulan que algo se hace. Gastar más no es sinónimo de invertir bien.

La permanencia de pobreza por ingresos y de la carencia de seguridad social demuestran que es indispensable vincular política social y política económica. En nuestro país ingresos y seguridad social dependen del trabajo digno.

(4) La permanencia de la pobreza es un lastre para construir un futuro distinto.

La pobreza no sólo afecta a los pobres. La pobreza debilita nuestra economía al reducir nuestro mercado interno. Debilita nuestra democracia al facilitar el clientelismo. Mina nuestra estabilidad al excluir a millones de personas y regiones enteras del desarrollo.  Y por desgracia, las grandes desigualdades han sido el caldo de cultivo propicio de la violencia y el crimen que flagelan al país.

La pobreza además tiene expresiones crónicas. Las zonas rurales, el sur – sureste del país y en particular, los pueblos indígenas viven en esa condición desde hace décadas y hasta siglos. No hay movilidad. No ha habido cambio estructural que llegue a esas realidades.

La concentración del ingreso es el factor central de la pobreza.

La desigualdad es inmensa, la brecha es abismal. 9 a 1 ¡Esa es la proporción en la distribución del ingreso!

De cada 10 mexicanos, 9 viven con la mitad del ingreso y uno concentra la otra mitad. 9 a 1.

Imaginemos, de cada 10 familias, 9 sobreviven con el mismo ingreso que 1 familia de altos ingresos.

El 90% de la población recibe el 50% del ingreso y el 10% percibe la otra mitad. 9 a 1.

Para que se dimensione bien: 12 millones de personas tienen el mismo ingreso que los restantes 108 millones de mexicanos.[7]

9 a 1. Esa es  la proporción de la desigualdad. Esa es la realidad del país. México, somos un país de 9 a 1.

Esta desigualdad perpetua la pobreza y niega oportunidades a la gran mayoría.

Y para completar un panorama ya de por sí grave, la mayor carencia es la falta de seguridad social, según las mediciones de CONEVAL.

La seguridad social es un pilar para el bienestar y desarrollo de las personas. Es la protección frente a riesgos como enfermedades o accidentes y el acceso a servicios para seguir en el trabajo.

La seguridad social garantiza servicios de salud, cubre el ingreso en caso de enfermedad, accidente o discapacidad, garantiza una pensión en la edad avanzada y ofrece servicios de cuidado para los hijos. Así, la seguridad social es un pilar central de la política social.

Pero hoy la mayoría esta excluida. Menos de la mitad de la población (42%), únicamente 50 millones de personas tienen seguridad social.[8] Esta carencia permanece casi sin cambios desde hace 25 años por estar vinculada estructuralmente al trabajo. Y, por tanto, a la economía.

Es una carencia totalmente relacionada con la pobreza y la desigualdad. Afecta más a los más pobres. Entre las 12 millones de personas con menor ingreso (Decil I) solo el 9% tiene seguridad social, mientras que entre las 12 millones de personas con mayor ingreso (decil X) lo tiene el 72%.  Hay una brecha de 63 puntos porcentuales entre el Decil I y el Decil X de ingresos.

Solo el 18% de la población indígena tiene seguridad social en contraste con el 43% de la población que no es indígena. Hay una brecha de 24 puntos porcentuales en detrimento de las personas indígenas.

En los 3 estados con mayor pobreza solo el 20% de la población tiene seguridad social en contraste con el 58% en los tres estados con mayor desarrollo. La brecha es de 38 puntos porcentuales entre estos dos grupos de estados.

La cohesión social requiere entonces no sólo reducir las carencias en promedio.  La cohesión social implica cerrar las brechas en el ejercicio de los derechos entre quienes tienen menores y mayores ingresos, entre indígenas y no indígenas, entre quienes viven en el sur rural y quienes viven en las urbes de los estados más desarrollados.

Eso obliga a hacer más y avanzar más rápido entre quienes tienen mayor carencia.

La visión de cohesión social además implica tener una mirada más integral, que vaya más allá de las carencias de la medición de pobreza. Hay retos que son estratégicos para cerrar brechas de desigualdad. Por ejemplo, evitar la desnutrición en la primera infancia o crear opciones de inclusión económica para jóvenes en rezago educativo. Enfrentar estos retos debe ser una prioridad, porque evitan la transmisión intergeneracional de la pobreza y mejoran la movilidad social.

 

 

¿Para que una nueva visión? ¿Qué queremos cambiar con la visión de cohesión social?

Una nueva visión frente a la pobreza y la desigualdad como la que proponemos a través de cohesión social permite impulsar cuatro grandes propósitos. (1) Construir consensos plurales entre diversos actores. (2) Elevar el nivel del debate público. (3) Revisar la efectividad de las instituciones y políticas gubernamentales actuales. (4) Motivar cambios en la cultura ciudadana.

(1) Nuestro intención al presentar la visión de cohesión social es construir consenso político y lograr acuerdos plurales para realizar cambios institucionales e impulsar políticas efectivas frente a la pobreza y la desigualdad.

En Europa cohesión social ha sido punto de confluencia de derecha e izquierda. Social demócratas, liberales, demócrata cristianos y otros partidos de todo el espectro ideológico, confluyen en ese horizonte común.

La cohesión social es una causa que permite convergencias políticas amplias. Y esto hoy es urgente para México. Va más allá de partidos políticos e ideologías. Cohesión social permite confluencia de muchos actores de la sociedad: empresarios, sindicatos, organizaciones civiles, universidades, iglesias. Es una visión que permite acuerdos con una amplia pluralidad de actores políticos para enfrentar la pobreza y la desigualdad de manera efectiva.

(2) La visión de cohesión social también eleva el nivel de exigencia a los políticos. Confronta las promesas vacías y las ocurrencias que hoy predominan en la oferta política. El debate político se ha ido vaciando de contenido, queremos nutrirlo y encauzarlo a la construcción de soluciones.

La visión de cohesión social exige a los políticos sustentar sus ofertas con base en evidencia. Confronta el uso demagógico de las duras realidades de la pobreza y desigualdad, tan frecuente en muchos discursos.

Queremos incidir en la agenda hacia 2018. Emplazamos ya a los futuros gobernantes y legisladores a que se definan respecto a los cambios que se requieren para hacer frente a la pobreza y la desigualdad.

Buscaremos que haya definiciones que no se queden en enunciados generales, sino que aborden los puntos álgidos específicos. Por ejemplo, cómo generar un modelo de economía incluyente con trabajo digno, que fortalezca las cadenas de valor y el mercado interno o cómo construir el seguro social universal y progresivo, entre otros temas.

Al ser un horizonte exigente, la visión de cohesión social debe servir para romper la espiral de hacer campañas que compiten por quién ofrece más dádivas.  El enfoque de derechos de cohesión social no se cumple repartiendo cosas o con programas paternalistas.

Por el contrario, la dimensión institucional de cohesión social establece obligaciones a los gobernantes. Subraya que su responsabilidad es dar efectividad a las instituciones públicas de salud, de educación, laborales, ambientales y rendir cuentas sobre ello. Cohesión social sube la “vara” para medir y exigir a los políticos.

(3) El enfoque de cohesión social también permite revisar a fondo la situación de las instituciones y políticas actuales.

La visión de cohesión social se basa en un marco conceptual de medición y evaluación mucho más riguroso y exigente, conforme con los más altos estándares internacionales.

El sustento normativo de cohesión social es el artículo 1º constitucional. Desde 2011 establece la vigencia plena, del conjunto de derechos sociales, económicos, culturales y ambientales (DESCA), reconocidos por México en los tratados internacionales de derechos humanos.

Esto representa un giro de 180º respecto a la visión minimalista y gradualista que domina en la política actual. La visión de cohesión social plantea el desafío de eliminar las brechas de desigualdad, y no solo mejorar promedios, que en temas de pobreza son engañosos.

La visión de cohesión social supera el divorcio entre políticas económicas y sociales. Exige que se articulen la mejora del ingreso mediante trabajo digno con el cierre de las brechas de desigualdad en el ejercicio de derechos.

Enfrenta la tendencia actual de que los programas destinados a quienes viven en pobreza, sean de menor costo, calidad y efectividad. Así sólo se incrementa la desigualdad.

Las medidas de igualdad e inclusión requieren más recursos, nunca menos. Si no se invierte más, estas medidas en lugar de compensar, profundizan la desigualdad original.

La visión de cohesión social también cuestiona la dispersión actual de la política social basada en ocurrencias y programas sin sentido. Exige trazar metas para hacer cambios razonables y progresivos, con plazos temporales claros, que lleven a cerrar las brechas en el acceso a la seguridad social, a servicios de educación y salud de calidad, al trabajo digno, al ingreso suficiente, y en general al conjunto de derechos (DESCA), para quienes hoy están excluidos.

Por supuesto cohesión social confronta el uso electoral y clientelista de los programas sociales. Así como la obsesión de pretender mejorar las variables de la medición de la pobreza sin modificar las realidades de fondo que impiden el ejercicio de derechos.

La visión de cohesión social asume y da prioridad al principio de “no dejar a nadie atrás” que es central en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, adoptada por México. Exige que nuestro país fije metas claras y relevantes, para que desde ahora se rindan cuentas de los resultados de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (los ODS 2030), muy en especial el primero (fin a la pobreza) y el décimo (reducir la desigualdad).

(4) Finalmente, la visión de cohesión social también impacta la cultura ciudadana. Apela a la corresponsabilidad de cada persona sobre lo público y convoca al ejercicio activo de la ciudadanía.

Con cohesión social se confrontan las muchas formas de discriminación que todavía permean en nuestra cultura. Busca romper la inercia de racismo velado y de clasismo latente que marcan tantas conductas y expresiones en nuestros ambientes, incluso sin darnos cuenta. La discriminación cimenta el “muro” que hoy nos divide y que debemos derribar para enfrentar las amenazas.

La visión de cohesión social especialmente invita a cambiar a quienes forman parte de la élite con mayores beneficios. Cuestiona a quienes a veces aceptan o defienden la cultura de privilegios y justifican la exclusión a los demás.

La visión de cohesión social interpela a cada persona y a la sociedad para hacerse cargo de su responsabilidad en la vida pública. Busca incrementar el capital social positivo, reconstituir tejido social y fortalecer la vertebración de la sociedad civil. Alinea el interés personal con el interés colectivo. Invita a adoptar valores democráticos en los ambientes vecinales, familiares, laborales y en general en la arena pública.

Construir cohesión social da sentido a la obligación que tenemos como contribuyentes y como ciudadanía que no sólo vota, sino que participa activamente en la construcción de la casa común.

 

 

¿Cómo vamos a impulsar esta visión y las propuestas específicas?

El horizonte que abre la visión de cohesión social es muy amplio. Abarca muchas dimensiones, que van mas allá de nuestra capacidad, como el acceso a la justicia. Cohesión social es un proyecto para la Nación. Requiere el involucramiento de múltiples actores.

Nuestra función como sociedad civil dentro de este gran reto, se concreta en 4 compromisos: (1) Difundir la visión y promover la construcción de consensos y acuerdos. (2) Impulsar cambios institucionales urgentes. (3) Promover el enfoque a prioridades. (4) Fortalecer la incidencia pública de la sociedad civil.

(1) El primer compromiso de la Acción Ciudadana Frente a la Pobreza es difundir la visión de cohesión social y promover su debate público. El propósito es generar consensos con muchos actores y construir acuerdos con actores sociales y políticos que participen en la toma de decisiones, para darle viabilidad y fuerza política a esta visión.

Vamos a difundir estudios y datos, y a animar debates para nutrir la conversación pública. Aportaremos información comprensible para la ciudadanía sobre algunos de los temas álgidos para lograr cohesión social.  Por ejemplo, sobre las medidas para dar efectividad y calidad al gasto público, sobre el uso y consistencia de la medición de la pobreza, sobre los retos para la construcción del seguro social universal, sobre los cambios necesarios en el modelo económico para el fortalecimiento de nuestro mercado interno, para generar cadenas de valor con micro, pequeñas y medianas empresas y para fomentar el cooperativismo y las empresas sociales.

(2) Nuestro segundo compromiso es impulsar y mantener la exigencia sobre algunos cambios institucionales urgentes:

La recuperación gradual del salario mínimo y replantear el proceso institucional de su fijación, a fin de que cumpla con lo establecido en la Constitución.
Establecer el padrón único, como un registro accesible y transparente de toda la población potencialmente beneficiaria de programas sociales. El padrón único debe ser la puerta obligatoria de ingreso y asignación de los programas a fin de terminar con su dispersión, su opacidad y su uso electoral.
Crear una auténtica contraloría social sobre los servicios de salud, transformando el actual modelo de “aval ciudadano” en un mecanismo efectivo que promueva y garantice acceso efectivo a la salud con calidad y oportunidad.

(3) El tercer compromiso es promover el enfoque a prioridades. Vamos a impulsar políticas articuladoras con gran potencial de detonar desarrollo sostenible. Estas prioridades serían “motores” de la cohesión social y ejemplos demostrativos.

Promoveremos estas acciones mediante acuerdos con gobiernos locales, como ya lo estamos haciendo en Chihuahua, sin descartar la interlocución con instancias federales cuando sea posible.

De inicio, planteamos tres prioridades:

1ª La atención a la primera infancia. Se trata de garantizar el desarrollo cerebral durante los primeros mil días de vida, porque sus efectos son para siempre. México no tiene política para el Desarrollo Infantil Temprano (DIT) y no hay autoridad responsable. Es urgente pasar de los discursos a la creación de protocolos que contemplen al menos medidas de salud preventiva, nutrición y estimulación temprana. Y garantizar su aplicación urgente con la población indígena y las familias en pobreza extrema.

2ª La formación e inclusión económica de personas jóvenes. Se trata de garantizar formación y condiciones para que ejerzan trabajos dignos. En especial, para 11 millones de jóvenes mayores de 18 años y menores de 30 que no han concluido la educación media superior y que hoy requieren una segunda oportunidad que mejore su capacidad de trabajo.  Porque son el potencial para aprovechar el bono demográfico si se incorporan a la vida productiva. Y también para evitar los riesgos que pueden afectar su vida para siempre: embarazo precoz, adicciones, informalidad laboral, violencia.

3ª El fomento a la economía social. Se trata de fomentar y fortalecer las cooperativas y el conjunto de empresas asociativas de las organizaciones de pequeños productores, especialmente las de los pueblos indígenas.

Estas empresas sociales tienen gran potencial, algunas ya exportan sus productos y fueron pioneras en producción orgánica. Muestran un camino muy promisorio de articulación entre desarrollo productivo, generación de ingresos, protección del medio ambiente y beneficio social y comunitario.

(4) Finalmente, nuestro compromiso 4 es fortalecer la capacidad de incidencia política de las organizaciones de la sociedad civil. Se trata de ampliar los espacios para su participación en el diseño, en la ejecución y en la vigilancia de políticas públicas e instituciones. En especial, queremos mejorar y visibilizar los resultados de las organizaciones de la sociedad civil frente a la pobreza y la desigualdad.

Las organizaciones civiles constituyen un activo de la nación y son una expresión ejemplar de la cultura de corresponsabilidad ciudadana que se necesita para lograr mayor cohesión social. La organización social y ciudadana debe ser fomentada y apoyada para tener gobernanza democrática.

Conclusión

Este es un llamamiento público en un momento difícil para nuestro país. Las amenazas externas son reales y las dificultades económicas ya están presentes con efectos nocivos. El riesgo de mayor empobrecimiento y descomposición es claro.

Podemos evitarlo. Sin demagogia y sin triunfalismo, nuestro país tiene recursos y capacidades para evitar que una vez más sean los más pobres quienes resientan con mayor dureza la adversidad económica.

México requiere un nuevo rumbo para romper el nudo que mantiene la pobreza y la desigualdad casi como maldición o destino aceptado. Erradicar la pobreza crónica y su herencia debe ser parte de cualquier proyecto de futuro para la nación. Y hoy es urgente.

Romper los privilegios y generar igualdad de oportunidades para la movilidad social debe convertirse en prioridad de todos los actores políticos con pretensión de gobierno. Lograr una sociedad con mayor cohesión social debe ser compromiso de todos y especialmente de quienes tienen mayores ventajas, poder y recursos.

En estos momentos sombríos urge que haya muchas cosas buenas que contar. Logremos que ser indígena ya no sea sinónimo de ser pobre, que vivir en una zona rural del Sur ya no sea equivalente a tener malos servicios de salud y pésimas escuelas, o que ser mujer o ser joven ya no sea razón para tener ingresos más bajos y los peores trabajos.  Eso sí va a contar mucho.

La nación vive tiempos de indignación, de ira, de dolor. Estamos a tiempo de transformar la indignación en acción, la ira en coraje y el dolor en esperanza. Son tiempos de abrazar, de unir, de  acompañar, de participar. Podemos fundar una nueva sociedad con más oportunidades para todos y sin privilegios. Es el tiempo de la cohesión social.

Construyamos un país con mayor cohesión social. Nos conviene a todos.

Ciudad de México.

Enero 30, 2017

[1] Cfr. Council of Europe. Concerted development of social cohesion indicators. Belgium, 2005, 234 p.

[2] Cfr. Banco Interamericano de Desarrollo. La cohesión social en América Latina y el Caribe. Análisis, Coordinación y Acción. 2008. 49 p.  La CEPAL tiene varios estudios relevantes, por ejemplo: CEPAL. Cohesión social en América Latina. Conceptos, marcos de referencia e indicadores. Santiago de Chile, 2010. 220 p.

[3] CONEVAL ha publicado recientemente un estudio sobre el concepto de cohesión social.  El estudio ofrece información muy relevante que ha servido para inspirar este llamamiento. Cfr. Mora Salas, Minor. Cohesión social. Balance conceptual y propuesta teórico metodológica. CONEVAL. Noviembre 2015, 200 p.

[4] CONEVAL. Evolución de la pobreza 1992 – 2014. Se refiere a “pobreza por ingresos”.  Es decir población con ingreso inferior a la línea de bienestar, que es el único dato comparable antes de 2008.

[5] En el periodo 1990 – 2015 (en valor real): Crecimiento del PIB: 91%. Incremento de las exportaciones: 420%. Incremento de la IED: 510%. Las exportaciones pasaron del 18% al 36% del PIB. La IED incremento del 1% al 3% del PIB.  Fuente: Elaboración propia con datos de INEGI (PIB y exportaciones) y Secretaría de Economía (IED).

[6] El gasto social se ha incrementado en 280% en términos reales y ha pasado de ser el 12% del presupuesto total al 22%. No hay datos comparables para medir con precisión la carencia de seguridad social para 1990. Nuestra estimación se basa en los datos sobre cobertura del IMSS y el ISSSTE en ese año, estimada en poco más del 30% de la población, para una carencia estimada alrededor del 65-67%.

[7] Los datos corresponden a un estudio desarrollado por el INEGI con el objetivo de estimar la distribución del ingreso en México usando tres grandes fuentes de información: las encuestas de hogares, las cuentas nacionales y una base de datos con información de más de 2 millones de declaraciones fiscales. Los hallazgos del estudio fueron dados a conocer en un artículo publicado en la Revista Este País. Cfr. Bustos, A. y Leyva G. Hacia una estimación más realista de la distribución del ingreso en México. Este País. Junio 2015. Otros estudios recientes como los de Gerardo Esquivel -Oxfam y de CEPAL confirman la gran concentración del ingreso e incluso presentan datos más alarmantes.

[8] La afiliación real a la seguridad social completa es menor. Por su metodología, CONEVAL incluye en este indicador a adultos mayores que reciben pensiones de los programas sociales, federal o estatales, aun cuando no estén afiliados al IMSS, al ISSSTE o a algún otro de los sistemas de seguridad social. Es decir, la carencia es mayor.