Las elecciones, ocho días después

Las elecciones, ocho días después

Sin las luces del amanecer, mujeres y hombres en huaraches y faldas coloreadas bajan de la montaña. Figuras fantasmales recorren veredas por donde parece que no camina el tiempo. Son habitantes de la mixteca guerrerense que hablan las palabras de la lluvia. En su descenso se van a cruzar con otras mujeres y otros hombres que aún se conocen como los pintados de la cara.

Todos se dirigen a una cancha de basquetbol ubicada en la cabecera del pueblo. No llevan uniformes deportivos, tampoco serán espectadores de un juego de pelota. Son los indígenas Ñuu Savi  –gente de la lluvia– y Me’Phaa –caras pintadas– que viven en la región de La Montaña de Guerrero y van a una asamblea donde elegirán a sus autoridades municipales junto con los mestizos de Ayutla de los Libres.

Han pasado ocho días de las elecciones más concurridas de la historia de México. Ellos, los libres de Ayutla, decidieron no participar. Durante muchos años, sobre todo en los últimos cuatro, han luchado por recuperar el derecho a escoger a sus autoridades en asamblea, por voto directo, a mano alzada, de acuerdo con sus usos y costumbres.

Se han enfrentado a los poderosos de la ciudad, a los dirigentes de los partidos políticos, a los cabecillas de las organizaciones que negocian con las drogas, a las autoridades locales, estatales y hasta con jueces federales. Hoy le ganaron a todos y se van a dar su propio gobierno elegido bajo sus propios métodos, los que aprendieron de sus ancestros enterrados ahí hace varios siglos.

Hace siglos que la pobreza parece estar reservada para ellos que tienen ingresos que no alcanzan ni para poner bien la mesa, sus hijos no tienen escuelas y en los centros de salud les niegan los servicios o los ven con malos ojos. No lo saben pero su pueblo aparece entre los 20 municipios más pobres del país.

Para los habitantes de las urbes cercanas son los mixtecos y los tlapanecos; son sus peones, las nodrizas de sus niños, las criadas de la casa grande, los albañiles, los artesanos, los indios. Cargan en la memoria a sus muertos. Los que se fueron por la edad o los que secuestraron y mataron. Han luchado con la palabra de la lluvia, como ellos llaman a su lengua nativa, o con las balas de sus armas cuando se auto defendieron del poder del narco.

Por eso se dicen tres veces libres porque, en 1854 proclamaron el Plan de Ayutla y liberaron a México de Antonio López de Santana, hace unos diez años se liberaron del crimen organizado y ahora, dicen, vamos a librarnos de los partidos políticos y de sus caciques.

De lo que se están liberando ahora es del abandono, del rechazo, del abuso, de la impunidad. Al menos eso creen con la pasión y fe con que llegan a esta asamblea cuando el sol ya calienta y quema. Ahí están haciendo filas frente a las muchachas y muchachos con chalecos del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC) de Guerrero que revisan las listas y los apoyan para registrarse.

Hoy es día de fiesta. Atrás quedó la lucha política y jurídica. Llevan cuatro años reclamando su derecho a elegir por usos y costumbres como lo mandata la Constitución en su segundo artículo que establece que el carácter multicultural de la nación radica originariamente en los pueblos indígenas y reconoce su derecho a la autodeterminación.

Hoy los acompañan los fotógrafos y camarógrafos que encienden sus luces e imprimen la memoria del momento. En las gradas de la cancha están también cerca de 60 mujeres y hombres de las organizaciones de la sociedad civil que vienen a atestiguar cómo la ciudadanía recupera sus derechos.

Los que bajaron de la montaña han participado en decenas, cientos de asambleas donde se les eligió como representantes de cada centro poblacional del municipio. Son 560 ciudadanos, mitad hombres, mitad mujeres. La mitad son representantes propietarios, la otra parte son suplentes. Hay representantes de los mixtecos, de los tlapanecos y de los mestizos.

La asamblea se inicia con un desacuerdo. El castellano no es la única lengua que se habla en Ayutla de los Libres. La elección de dos traductores, uno para cada lengua, logra que retorne la armonía a la asamblea. Así con convenios y discrepancias avanza la elección de la mesa con un presidente de debates y varios escrutadores y secretarios. Así llegan a la elección de sus consejeros. Personal del IEPC facilita las discusiones y cuenta las paletas que se levantan en cada decisión colectiva.

A las tres de la tarde, dos hombres de la etnia Ñu Savia (Longino Hernández y Juan Ceballos), dos mujeres Me’Pahaa (Patricia Ramírez Bajan y Sara Olivera Tomas) y dos mestizos (Isidro Regina Cantú y Raymundo Nava) son electos el Consejo Municipal Comunitario, una entidad que ellos definen como un órgano de jerarquía circular, donde nadie es más, nadie es menos y todos tienen el mismo poder y el mismo sueldo. Encima de ellos solo hay un poder mayor: la Asamblea General compuesta por 560 representantes.

En pocos días, Hortensia Aldaco Quintana, militante del Partido Verde Ecologista de México, entregará la presidencia municipal que ahora ostenta. Ella será la última en este capítulo de la historia política de Ayutla de los Libres. Otra etapa se inicia: el pueblo ha tomado el poder político del municipio.

La tercera batalla los ha liberado de los partidos políticos. La esperanza los lleva de regreso a la montaña cuando el intenso sol se resiste a ser vencido por la noche. La música de banda va por delante. Otros 23 pueblos originarios de Guerrero miran lo que pasó en Ayutla de los Libres.

Numeralia: La pobreza de Ayutla de los Libres.

  • En 2010, 55,838 individuos (88% del total de la población) se encontraban en pobreza, de los cuales 20,125 (31.7%) presentaban pobreza moderada y 35,713 (56.3%) estaban en pobreza extrema.
  • En 2010, la condición de rezago educativo afectó a 31.8% de la población, lo que significa que 20,187 individuos presentaron esta carencia social.
  • En el mismo año, el porcentaje de personas sin acceso a servicios de salud fue de 28.3%, equivalente a 17,995 personas.
  • La carencia por acceso a la seguridad social afectó a 92.2% de la población, es decir 58,526 personas se encontraban bajo esta condición.
  • El porcentaje de individuos que reportó habitar en viviendas con mala calidad de materiales y espacio insuficiente fue de 61.3% (38,926 personas).
  • El porcentaje de personas que reportó habitar en viviendas sin disponibilidad de servicios básicos fue de 78.3%, lo que significa que las condiciones de vivienda no son las adecuadas para 49,690 personas.
  • La incidencia de la carencia por acceso a la alimentación fue de 52.6%, es decir una población de 33,399 personas.

Datos obtenidos del Informe Anual sobre la situación de Pobreza y Rezago Social.

La gente de la lluvia.

Ñuu Savi, el pueblo de la lluvia Ñuu Savi, el pueblo de la lluvia es como nos autodenominamos. Es un gentilicio utilizado desde tiempos pretéritos que ha cobrado vigor como término de adscripción reivindicativo. En muchos lugares nos llaman mixtecos. En sentido amplio somos Na Savi, la gente de la lluvia. Nuestra lengua le denominamos Ndusu Tu´un Savi, las palabras de la lluvia. Al territorio compartido donde nos distribuímos geográficamente le nombramos Ñu´u Savi, tierra o territorio de la lluvia. La población se ubica en Oaxaca, Puebla y Guerrero (Ñuu Nduva, Ñuu Ita Ndio´o, Ñuu Kuachi).

Oralidad, historia y educación de Na Savi Jaime GARCÍA LEYVA.