La sociedad civil con el puño en alto

La sociedad civil con el puño en alto

El puño derecho en alto se convirtió en un símbolo de esperanza. Cada vez que los rescatistas lo elevaban se hacía el silencio. Un silencio respetuoso, lleno de esperanza. Era una señal para que los rescatistas pudieran contactar, escuchar, hablar o tocar a un sobreviviente al terrible terremoto que sacudió al país entero en el aniversario 32 de aquel otro sismo que dejó más de 10 mil muertos y más de 400 edificios colapsados.

 

Este 27 de septiembre, las cadenas humanas se formaron en un parpadeo. Las piedras pasaron de mano en mano, las botellas de agua, las barritas de granos, las cajas de pañales, los zapatos, las medicinas. Toda la ayuda que llegó a los miles de centros de acopio que se replicaron por todas partes.

 

Veníamos de otro sismo, el del día 7 que empobreció más a los que ya eran los más pobres de la nación. Chiapanecos y Oaxaqueños iniciaban la reconstrucción de sus viviendas, de sus escuelas, de sus templos, de sus pueblos enteros cuando la tierra volvió a sacudirnos.

 

Aquí, las calles se llenaron, quién sabe de dónde fluían los ríos de jóvenes, mujeres y hombres. Con cascos en la cabeza, arneses en el cuerpo, guantes, picos y palas en las manos. Llegaron a pie o en bicicletas para vencer los obstáculos.

 

En la calle, la fuerza social se encontró con las fuerzas armadas y su experiencia. Se dieron la mano y juntos empezaron a ordenar el desastre. El que disponía de una pequeña camioneta, la puso al servicio de la causa, el ferretero abrió sus inventarios y entregó las herramientas a los voluntarios, el taquero abrió su humeante canasta y dio de comer a los que ayudaban. El gesto fue interminable, amplio, generoso.

 

En las cadenas estaban juntos los jóvenes con los adultos, el empresario y el cocinero, la enfermera y el obrero, el panadero y el constructor, el creyente y el ateo, los rudos y los técnicos. La diversidad hecha riqueza.

 

Los jóvenes se vistieron de héroes. Se empolvaron las narices, las cejas y la frente en los escombros, se pusieron narices rojas en los hospitales y se vistieron de hombres araña en los albergues para visitar a los niños.

 

La sociedad se informaba por radio, por tele, unos cuantos leían periódicos. Los más seguían la velocidad de la Internet, de las redes con sus verdades y medias verdades y mentiras. La red fue eficaz para transmitir demandas de ayuda, pero en ratos el ruido se imponía.

 

La sociedad civil entendió que también en ese desastre había que meter orden y empezaron con sus formatos, su metodología y su estilo organizacional. Y organizaron sitios y aplicaciones que verificaron los dichos y las urgencias. El orden volvió y esos cambios se quedaran para ser mejorados.

 

Poco a poco la sociedad civil de la mano de los militares rescataron las vidas sepultadas. Los refugios se quedaron semi-vacíos. Los que perdieron su casa hallaron refugio con sus amigos, con extraños o con su familia. La solidaridad mexicana vibró de nuevo: “Estas en tu casa”.

 

Los héroes no usan capas. En twiter y en facebook las frases y las fotos iniciaban el reconocimiento para los que sacrificaron todo por salvar a otros. Junto a los hombres y mujeres vestidos de uniforme, posaban los civiles. Los perros entrenados para el rescate compartieron el escenario con las mascotas recuperadas.

 

 

Con las horas y los días, se pensó en los niños, en cómo ayudarles a entender este momento. En los escombros aparecieron algunos payasos, otros fueron a los hospitales. En unas horas miles de juguetes pasaban de mano en mano, como antes fueron las piedras y las botellas de agua.

 

En el transporte público, los ojos transmiten tristeza, desolación. Hay que recuperar el ritmo a pesar de las urgencias pendientes. En las oficinas públicas las filas son para reclamar contratos de viviendas mal construidas, de reglamentos rotos, de manos engrasadas. De corrupción que no sabe de vidas ni de patrimonios ajenos. Igual están en la mira los que construyeron con materiales falsos que las autoridades que recibieron el soborno.

 

La sociedad civil ya tomó la iniciativa. Una investigación de fondo debe llevar a los responsables a pagar sus abusos y sus culpas. Otras organizaciones de la sociedad civil han puesto plataformas al servicio de los que se quedaron sin casa y necesitan abogados.

 

Nadie es como era antes. Nadie puede ser igual que antes. La idea tiene que ser patrimonio de los mexicanos. Ese lujo está prohibido. La ciudad, el país volverán a temblar pero nosotros no podemos ser los mismos de antes, como si nada hubiésemos aprendido.

 

Reconstruir es el verbo. Tenemos que reconstruir lo colapsado, reconstruir nuestro espíritu y nuestro cuerpo, reconstruir al país entero sobre nuevas bases, sin olvidar los pendientes que ya teníamos, la pobreza, la desigualdad dolorosa e injusta. Con esa base tenemos que construir el país que queremos, una nación con derechos para todos, con igualdad de oportunidades, sin privilegios ni corrupción.

 

No ser los mismos de antes es mantenerse alerta a los movimientos de la tierra, pero también es seguir alerta a los engaños, a las mentiras, al robo al saqueo. Hemos vuelto a  darnos la mano y el abrazo, hemos retornado a la solidaridad, hemos recuperado la conciencia. Juntos Podemos #SíQueremos